Estudiaron en la última dictadura, cursaron todas las materias a lo largo de seis años y les faltaron algunas asignaturas para recibirse. Supieron de sacrificios, saben de objetivos y esperan, casi treinta años después, egresar como ingenieros en Construcciones, gracias a un programa que comenzó a implementarse este año.

La piel del país sabe erizarse cada vez que escucha hablar de dictaduras. Historias de heroicidades y cobardías, de víctimas y victimarios, historias que pudieron ser y desaparecieron en la noche más oscura de la Historia. Pero también la piel lacerada del país sin patria de aquellos años de sombra, ignora todavía aquellas historias que fueron muriendo de olvido y de silencio.  Una de ellas podría ser esta.

El 4 de abril de este año 38 ex alumnos de la Facultad volvieron a ser estudiantes, casi tres décadas después de terminar el cursado. Volver a entrar a la UTN no fue fácil para quienes la última vez que estuvieron por sus pasillos, no escucharon sino el silencio que entonces se decía, era el equivalente a la salud.

(Actualmente, en septiembre, el número de estudiantes "reinsertos" se ha incrementado habiendo llegado a 44).

Tras hacer el preuniversitario a fines de 1977, comenzaron a cursar la carrera de Ingeniería en Construcciones en marzo del año siguiente, entre el no te metás imperante y “la fiesta de los 25 millones de argentinos” como promesa salida de cada uno de los televisores blanco y negro. Cursaron los seis años establecidos por la currícula y quedaron algunas materias pendientes que los alejaron del título. Hasta ahora. 

“Vos estás loco, a mi edad”

Roberto Quiroga cumple años el 9 de marzo. Dos años atrás y frente a esa fecha que suele imponer balances, se enfrentó a las viejas carpetas de la Facultad, que reunían en forma desproporcionada conocimientos y polvo. “Ese día de mi cumpleaños me pregunté qué hago con todas las carpetas que tengo, o las quemo o me recibo”. No las quemó. 

Resolvió entonces comunicarse con algunos viejos compañeros, con la intención de  “convencerlos” para iniciar gestiones y así saldar lo que para todos en el fondo era una deuda pendiente. 

“Vos estás loco, a mi edad”, respondían algunos, “no nos vamos a recibir”, acotaban otros, pero fue la persistencia de Roberto y un grupo de ex compañeros, como Víctor Soria, quien es maestro mayor de obras, constructor privado y funcionario de la Municipalidad de Godoy Cruz y Alberto Regallo, a quienes se sumaron otros “casi ingenieros” como se definen, quienes se acercaron a la Facultad para ver de qué manera podían volver.

Con fecha 10 de septiembre de 2012, el grupo conformado por 19 personas, solicita por nota al Consejo Directivo de la Facultad, que arbitre los medios necesarios para extender el título de Ingeniero en Construcciones, “con  espíritu de resarcimiento y carácter excepcional” y argumentan en el planteo  las prácticas coercitivas aplicadas por la dictadura militar, la ausencia de derechos y garantías ciudadanas, la aplicación de cargas económicas y el cobro de aranceles contrapuestos a la gratuidad de la enseñanza pública; el aumento desproporcionado de la exigencia académica y la imposición de sucesivos programas de estudio, entre otras razones.

“Como tuvimos un régimen de evaluación continua, planteamos que nos dieran por promocionadas las materias que nos faltaban. Esa fue nuestra pretensión inicial, porque a nuestra edad se supone que uno no tiene las luces suficientes para volver al grado. Apuntamos a lo máximo, fuimos a pedir el título como una especie de compensación por la carga académica que tuvimos en ese momento”, admite Víctor Soria.

Tras el planteo inicial denegado, exploraron otras alternativas, “el reconocimiento por las condiciones en las que habíamos estudiado bajo la dictadura, o bien un título intermedio y nos dijeron que no, que la semana que viene, que el mes próximo, que en la siguiente reunión”, recuerda Roberto. 

El Consejo Directivo remitió el tema a tratamiento de una comisión ad hoc que rechazó el pedido de los ex estudiantes, pero resolvió derivar el planteo al Departamento de Ingeniería Civil para consensuar un plan de reinserción.

Por resolución 464/13  del 7 de agosto de 2013, ad referéndum del Consejo Superior, el Consejo Directivo aprobó el Proyecto de Reinserción elaborado por el ingeniero Miguel Tornello y el Consejo Departamental de Civil.

A fines de 2013 Rectorado aprueba el financiamiento del programa, pero para evitar prolongar su inicio por los tiempos burocráticos del envío de los recursos, la Facultad Regional comenzó a hacer el aporte económico. 

“El decano José Balacco se manifestó muy abierto y entendió, dijimos que la reinserción no se podía demorar más, porque los años no son inocuos para nosotros, cada vez vemos menos, tenemos problemas de salud y las energías van cayendo”, destaca Víctor Soria, quien junto a sus ex y actuales compañeros rescata también el impulso que la subsecretaria de Políticas Universitarias de la Nación Laura Alonso dio al proyecto, por el cual estiman, se dispondrán 400 mil pesos para graduar a 38 ingenieros.

“Esa secretaría está dando 25 mil pesos para futuros ingenieros a los que les faltan dos o tres materias. En este caso estamos graduando a 38 ingenieros con 400 mil pesos. La ecuación es muy simple, es más barato recuperar ingenieros por regionales, porque todas las regionales por especialidad tienen entre 35 y 40 profesionales que no se han recibido”, calcula Quiroga.

Es que la idea ahora que han comenzado a terminar su carrera, es extender la propuesta a otros ex alumnos en situaciones similares. 

“En nuestro caso hemos sido un poco pioneros. Ya hemos tenido reuniones con gente de otras áreas para ver si pueden replicar esta idea. Durante años hemos visto que no hay ingenieros, que los jóvenes no quieren estudiar carreras largas, se lanzó un plan estratégico para aumentar la cantidad de ingenieros y nosotros ofrecimos pagar a los docentes, porque queríamos que se nos permitiera terminar los estudios, es decir era al revés la cosa, no necesitábamos motivarnos”, aclaran, al tiempo que resaltan la importancia de recuperar la inversión que ha hecho el Estado en su formación, con esta posibilidad de la graduación.

Años de claustro y oscuridad 

No fue una novedad instaurada en 1976. El empecinamiento de las dictaduras por las universidades viene de lejos, con persecuciones, intervenciones, detenciones, expulsiones y clausuras. Baste la noche de los bastones largos durante el régimen de Onganía para demostrar que no hay nada  más peligroso para un gobierno de facto que el conocimiento. Aserto que no escapa a nuestra propia historia como Facultad Regional, con un estudiante asesinado y siete desaparecidos.

Abuso, arbitrariedades, presiones, infiltrados, silencio. De a una van saliendo de la memoria, como en una tétrica enumeración, las palabras que sirven para describir aquellos oscuros claustros

“Era común salir de la facultad y ser detenido por averiguación de antecedentes”, evoca Víctor. El pelo, la vestimenta o el calzado podían ser signos evidentes de que su portador andaba en algo raro, con esa lógica tan lombrosiana y tan de la época. “Por esos motivos muchos no podían entrar a la facultad y después quedaban libres por faltas”. 

“Nosotros éramos jóvenes queriendo entrar al mundo y teníamos que, además de tener que trabajar y soportar una serie de presiones externas, teníamos una carga académica fortísima que hacía que la deserción fuera muy alta”, rememora Soria. 

Además estaban los falsos estudiantes, los infiltrados. “Sabíamos que había y sospechábamos de quiénes eran, decíamos guarda con éste. Era gente de la SIDE que iba sin carpetas y los teníamos sentados dos bancos atrás”, acota Quiroga.

“Algunos docentes cometieron abuso de autoridad. A mí una vez me echaron porque no sabía el nombre del ministro de Obras. Me echaron del examen y me bajaron por una cuestión cultural, el profesor me dijo Esto es cultura general”, agrega Soria.

“También te desmoralizaban los cambios de programa, ibas a rendir una materia y ya había cambiado el plan”, añade Regallo sobre un punto recurrente de la conversación, lo que ellos resaltan como “una carga académica fortísima”. 

No  es un problema menor el del tiempo de cursado exigido para una universidad que había surgido obrera con la clara intención de formar a los obreros en aquellas especialidades de trabajo en las que se desempeñaban.  No es casual tampoco que al incrementar la carga horaria, se desaliente el estudio entre quienes no tenían opción más que el trabajo, lo que explica la fuerte deserción de aquellos años. 

“Tuvimos una de las mayores cargas académicas que se registra en la UTN, acreditado por la misma Facultad. Llegamos a tener mil horas cátedras más que el plan 95, y 6 años de cursado en lugar de 5, sin las prerrogativas que tienen los chicos ahora, de materias opcionales, optativas, semestrales, promocionales”, recuerdan los tres y destacan que aún en esas condiciones, lograron cursar todas las materias, de cada uno de esos seis años, marcados por la sangre, el fuego y la deserción. 

Pero además, entre el 78 y el 85, los años que pasaron por la Facultad, tuvieron cinco cambios de plan de estudios, aunque “desde Rectorado admiten tres planes y los otros los toma como variantes, pero eran igualmente cambios de plan” dicen y contrastan con la estabilidad del plan de estudios en Ingeniería Civil, “que es el mismo desde 1995, un plan en 20 años y nosotros padecimos 5 en 7”, remarca Quiroga.

Los otros motivos

Pese a que el haber estudiado en dictadura sobrevuela la conversación y fue esgrimido como un argumento de peso para conseguir la reinserción en la Facultad, tanto Roberto Quiroga, como Víctor Soria y Alberto Regallo admiten que no fue ese el motivo que originó la presentación, aunque reconocen que haber sido estudiantes entonces abrió cicatrices que aún no han cerrado, aunque se empecinen en mantenerlas ocultas.

“Hablamos con un ingeniero que es docente de la Facultad y nos alentó a plantear el tema de la dictadura como una herramienta para poder ser escuchados y ahí me sorprendió que compañeros nuestros jamás habían comentado las problemáticas que tuvieron entonces y que no habían hecho públicas nunca. Vi tipos que se ponían a llorar. Al principio nos surgió como un elemento más que nos ayudara a cumplir el objetivo de completar nuestra formación, pero nos dimos cuenta que había una sensibilidad, una cicatriz ahí”, admite Víctor.

De hecho, reconocen las dificultades de haber estudiado en dictadura, pero no lo consideran un elemento decisivo que los alejara del título. 

“El hecho de no haber terminado con nuestra carrera, no significa que hemos sido perseguidos y que por culpa de la dictadura no pudimos terminar. Porque así como nosotros, en nuestra camada sí se recibió gente”, resalta Alberto.

-¿Por qué no pudieron terminar?

-En mi caso fueron necesidades laborales, ya tenía una formación académica, salí a trabajar y las condicio

nes del país no eran las adecuadas, rendí un par de materias después de terminar el cursado y tuve que abandonar, recuerda Roberto.

-Todo el cursado nuestro fue en dictadura, y al final llegó la democracia, que lejos de beneficiarnos, fue un impacto muy grande por la transformación de la facultad. Nosotros sufrimos un impacto,  porque cuando cursábamos no volaba ni una mosca, y de golpe había banderas, huelgas, paro docente, que también tuvo su impacto. Y además ya estábamos casados y con otras expectativas, comenta Víctor.

Con el primer paso logrado, el nuevo “viejo” estudiante e impulsor de la iniciativa Roberto Quiroga ya se siente satisfecho.  “Ya si me recibo o no es una circunstancia más. El hecho de tener 38 posibilidades de que se reciban, para mí es un logro”.

Y no sólo piensan en ese puñado de posibilidades. Consideran que es posible ampliar la oportunidad a otros estudiantes avanzados que por distintas razones se hayan alejado de la Facultad. 

“Para mí, a un tipo que le faltan 3 materias en un plan de 50, ya es un ingeniero. A ese tipo lo tendrían que haber ido a buscar 30 años antes”, reflexiona Víctor.

“Ahora lo que va a surgir, o se está estudiando que surja, es hacia todos aquellos que por distintas circunstancias no se ha podido recibir, y recuperar la inversión que ha hecho el Estado” agrega Alberto.

 

El grupo

Entre los 38 ex estudiantes que muy posiblemente sean ingenieros antes de los próximos dos años, hay titulares de pequeñas empresas constructoras, instaladores especializados, empleados de comercio del rubro de materiales, profesores de asignaturas técnicas en escuelas secundarias, fabricantes, empleados del Estado, maestros mayores de obra con matrícula profesional habilitante, funcionarios de reparticiones públicas y gerentes de empresas privadas.

La vuelta a clases

Para muchos de los 38 estudiantes, volver a la Facultad no resultó una tarea sencilla. Había muchos fantasmas deambulando en sus pasillos desde entonces, y es sabido que los espectros tienen una vida tan larga como la de aquellos que le temen. 

“A muchos los tuvimos que subir a la fuerza. Nosotros que veníamos más seguido (haciendo gestiones para volver), estábamos h

abituados, pero muchos decían me cuesta subir las escaleras”, recuerda Roberto.

“Hay alumnos que deben una o dos materias y no pudieron hacerlo, quedaron bloqueados”, añade Alberto.

“Estrés postraumático, dicen los especialistas”, sentencia Víctor. 

”Cuando Roberto me llama por primera vez, yo había tirado las carpetas, todo. Yo era de los que había bajado los brazos. Pero cuando me llama él, no podía entrar a la facultad, era como un rechazo, una aversión y si no me lleva de la mano, no podía. Cuando empezamos ahora, hubo gente que no durmió la noche anterior, que tenía taquicardia, nervios y demás. Acá hay una cuestión emotiva paralela que cada uno lo está transitando como puede”, agrega.

El cursado se ha diagramado para que los alumnos asistan a la Facultad los viernes por la tarde y los sábados a la mañana. Son cuatro módulos de seis meses cada uno, estructurados por núcleos temáticos. “Por ejemplo hay un módulo de materias como hormigón y estructura, otro de técnicas constructivas”, ejemplifica Alberto, y aclara que no todos tendrán que cursar los cuatro  módulos, esto es dos años, sino que cursarán aquellos módulos necesarios para completar la formación en función de la cantidad y tipo de materias que quedaron sin rendir. En tanto que la evaluación será continua, prevé coloquios, presentación de trabajos y “todas las nuevas herramientas disponibles que es en parte lo que nosotros reclamábamos. Hay que recordar que el cursado lo cumplimos con creces. Esa es una yapa que nos reclaman hacer”.

-¿En qué ha cambiado la facultad?

-Los chicos a veces tutean a los docentes, plantean sus problemas. El diálogo institucional que existe, tutorías, gabinetes psicopedagógicos, una serie de mecanismos de acompañamiento en la formación que nosotros no tuvimos, más allá de la posibilidad de las materias semestrales, con promoción y demás, o utilizando herramientas informáticas. Nosotros sacábamos las cuentas a mano.

-¿Por qué en el 2012 y no antes se plantearon volver?

-Tuve algunos intentos de ir a cursar alguna materia. Todos tuvimos algún intento, pero el tema era cursar en el aula, estar con los chicos en el aula y los horarios nuestros no coincidían.

 “Yo empecé a cursar una materia, iba con mi ábaco, mi calculadora, y el de al lado, un chico de 25 años o menos estaba con su computadora, y yo me sentía como harina de otro costal”, grafica Alberto.

El facilismo y la crítica

Hacia el final de la charla, los tres tienen todavía algo por decir. Recuerdan algunas voces críticas hacia el programa, que se han pronunciado en contra de un presunto facilismo.

“Hay versiones que dicen que nos han facilitado las cosas, otros dicen que es un regalo, los chicos de los últimos años dicen, no termino de cursar y hago lo de ustedes. La idea no es esa, se tienen que dar cuenta que cursamos 6 años, pasaron casi 30 y ahora vamos a cursar casi 2 años más para recibirnos. No es una cosa sencilla. Esto en respuesta a eso del facilismo”, intenta aclarar Roberto. Y para muestra basta un ejemplo.  “Tenemos un compañero que vive en Buenos Aires y hace el esfuerzo de venir todos los viernes y sábados”

“Siempre reclamamos completar nuestro derecho a la educación, que se nos permita terminar nuestros estudios porque entendimos que fue vulnerado nuestro derecho a la educación, por trabas externas que nos afectaron”, acota Víctor.

Los tres “casi” pero también futuros ingenieros saben que la persistencia de los últimos al menos dos años ha sido fundamental para comenzar a cumplir un sueño. Aunque les cueste reconocerse entre sí, una vez más como compañeros, algunos más gordos, otros más pelados, todos más grandes, con esas cicatrices que en algún lado duelen, con esos dolores que no cicatrizan y con ese sueño por el que nunca es tarde para mantenerse despierto. 

 

 

 

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